martes, 13 de enero de 2009

El silencio de la casa

Antes de que canten los gallos perdidos en los corrales, los ruidos de la casa se me incrustan por la ventana como una aurícula gigante, y lo más tenue, casi inaudible, toma posesión de toda la casa.
No hay rincón desolado: los forjados del edificio desperezándose o encogiéndose de frío o calor; los resquicios de las ventanas tocadas por el crujir y la huida de las salamanquesas; los pasillos y la escalera recorridos por hileras de hormigas fugitivas, salvadas del ántrax-ZZ de la tarde anterior; el goteo incesante del lavabo en el cubo de plástico; las caricias de las toallas sobre los azulejos del jardín; los relojes de pulsera en los cajones que casi nunca se abren; el rumor invisible de los libros transmitiéndose sus historias, paseantes de la leyenda y el conocimiento, de las intrigas y el desasosiego, del amor y las guerras, todo, en un festín de letras cautivadas por la soledad nocturna que los deja libres.
Así me voy entregando lentamente a mi refugio, mientras, cadencioso, casi sin pasos, voy apagando las luces de la cocina, el pasillo y la escalera hasta entregarme en el sillón giratorio de la biblioteca, pulsando el flexo de la mesa, apartando los restos de escritura de la noche anterior, moviendo los libros ahora innecesarios y colocando los codos entre el cristal y la madera de la vieja mesa recuperada en las oficinas de una antigua fábrica de alcoholes vínicos.

2 comentarios:

  1. http://www.odielinformacion.es/index.php?option=com_content&task=view&id=10827&Itemid=59

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  2. Agradezco profundamente a Antonio Rámirez Almanza su presencia en el acto de presentación de la edición crítica de Dios deseado y deseante (Animal de fondo), de JRJ, a cargo de Rocío Bejarano.
    Muchas gracias por tu presencia, independientemente del cargo que ostentas.
    Gracias.
    José A. Bejarano

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