¡Que cosa tan absurda ir a un sitio a buscar inspiración para una obra de arte, buscar un lugar para escribir un libro ¡ Esto decía JRJ en uno de sus aforismos cuando se refería al arte. Y esta es la sensación que se tiene, sin ser capaz de bajar la mirada, cuando nos encontramos ante un cuadro de Overli. Un estremecimiento súbito hace acercarte a sus cuadros como quien necesita paladear mejor ese manjar plástico que nos ofrece la creatividad del pintor ayamontino. Tenía la inspiración dentro.
Sabemos, sin necesidad de rebuscar en ningún tratado que, la obra bien forjada por iluminación y trabajo, sobrevive a su autor, le sobrepasa, en definitiva lo hace perdurable, y por lo tanto, sustancia necesaria para aquellos que sientan la necesidad de fijar su mirada ante la obra de un artista.
En un encuentro necesario y, ya a cinco años de su muerte, ha querido el buen saber de Fernando Serrano, junto a la entrañable Magdalena, compañera de Overli, acercar el pintor a la Casa de Juan Ramón, entrar en las estancias del poeta y quedarse un tiempo, fusionados en lo intemporal de la pintura y la poesía por la casa de la calle Nueva.
Bajo el título del “Mágico mundo de Overli”, en los que fueran los viejos aposentos del moguereño universal, podemos contemplar el excelente trazo punteado que, como tildes de color y luz, son capaces de deleitarnos por esa secuencia de punto a punto que da vida al onírico mundo overliano. Imposible no detenerse en los alucinados ojos de los retratos, hipnotizados por el color sin sombras que acceden al imaginario del hábil creador.
Anibal Alvarez, premonitorio en el tiempo, anunció hace más de veinticinco años que Overli seria “un pintor para la posterioridad y que no entendía el silencio en torno a un pintor de tamañas cualidades”. ¡Que de actualidad siguen aquellas apreciaciones.
Recuperar al pintor por su obra es una deuda que tiene el arte onubense con este creador que sobrepasó lo emocional, dejándonos sin tibieza su real e imaginario mundo “para plasmar el canto de la poesía pictórica”. No sólo es tiempo para recuerdos.
Sabemos, sin necesidad de rebuscar en ningún tratado que, la obra bien forjada por iluminación y trabajo, sobrevive a su autor, le sobrepasa, en definitiva lo hace perdurable, y por lo tanto, sustancia necesaria para aquellos que sientan la necesidad de fijar su mirada ante la obra de un artista.
En un encuentro necesario y, ya a cinco años de su muerte, ha querido el buen saber de Fernando Serrano, junto a la entrañable Magdalena, compañera de Overli, acercar el pintor a la Casa de Juan Ramón, entrar en las estancias del poeta y quedarse un tiempo, fusionados en lo intemporal de la pintura y la poesía por la casa de la calle Nueva.
Bajo el título del “Mágico mundo de Overli”, en los que fueran los viejos aposentos del moguereño universal, podemos contemplar el excelente trazo punteado que, como tildes de color y luz, son capaces de deleitarnos por esa secuencia de punto a punto que da vida al onírico mundo overliano. Imposible no detenerse en los alucinados ojos de los retratos, hipnotizados por el color sin sombras que acceden al imaginario del hábil creador.
Anibal Alvarez, premonitorio en el tiempo, anunció hace más de veinticinco años que Overli seria “un pintor para la posterioridad y que no entendía el silencio en torno a un pintor de tamañas cualidades”. ¡Que de actualidad siguen aquellas apreciaciones.
Recuperar al pintor por su obra es una deuda que tiene el arte onubense con este creador que sobrepasó lo emocional, dejándonos sin tibieza su real e imaginario mundo “para plasmar el canto de la poesía pictórica”. No sólo es tiempo para recuerdos.

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